Citas Bíblicas

La Identificación con Cristo
(Segunda Parte)

 

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Es muy común, cuando hablamos de identificación, encontrarnos con personas que confunden esta doctrina con la salvación. Si bien es cierto que la crucifixión ocurrió solo una vez, hay que tener en cuenta que la salvación y la identificación son dos realidades distintas. En la salvación se nos revelan ciertas verdades, y en la identificación otras. Para una mayor claridad, vamos a establecer algunas diferencias entre estas dos doctrinas:

Algunas diferencias entre la salvación y la identificación:

-En la salvación aceptamos a Cristo como nuestro Salvador.

-En la identificación aceptamos a Cristo como nuestro Señor.

-En la salvación el Señor Jesucristo ocupa nuestro lugar en la cruz, es decir que él es nuestro sustituto.

-En la identificación el Señor Jesucristo es nuestro representante en la cruz, eso quiere decir que en la salvación el Señor muere por nosotros; pero en la identificación nosotros morimos con él.

Aun cuando se trata, como dijimos, del mismo evento, (la crucifixión) es diferente la manera en que lo miramos en cada una de estas experiencias, dado que es distinto lo que el Espíritu Santo nos revela en cada una de ellas.

Sin embargo, hay algo que estas dos vivencias tienen en común, esto es: el trabajo del Espíritu Santo. Sin la intervención del Espíritu de Dios ni la salvación, ni la identificación pueden tener lugar en nuestras vidas.

En la salvación el Espíritu Santo nos revela lo siguiente:

Que somos pecadores; Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” (Ro: 3:23)

Que hay un castigo por el pecado: “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Ro: 6:23)

Que la pena de muerte por el pecado debe pagarse y ha sido pagada “Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro: 5:8)

Cuando estamos dispuestos a admitir que somos impíos y creemos en el Señor Jesucristo como nuestro salvador, entonces somos justificados y considerados justos a los ojos de Dios. “Más al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Ro: 4:5)

Como vemos el método es muy sencillo. Solo se trata de creer lo que la Biblia dice de nosotros, (que somos pecadores y nuestro destino es la muerte) Y creer lo que la Biblia dice del Señor Jesucristo (que fue y es Dios, que murió por nuestros pecados y que se levantó de los muertos)

Esto está dicho con claridad en el libro de “Romanos” “…que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” (Ro: 10:9-10)

Después de oír y creer tenemos que acudir a Dios en oración: “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo” (Ro: 10:13)

Sobre la base de su infalible Palabra Dios nos salva cuando creemos y le invocamos. Pero como dijimos, nada de esto tiene lugar en nosotros sin la intervención del Espíritu Santo que es quien revela esta verdad a nuestro espíritu e ilumina nuestro entendimiento.

Ahora bien: ¿Qué es lo que el Espíritu Santo nos revela en la identificación?

Que hemos muerto y resucitado con Cristo. “Porque el amor de Cristo nos constriñe pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” (2Co:5:14-15)

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.” (Col: 3:1)

“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” (Col: 3:3)

Es decir, que Cristo no solo fue crucificado por nosotros, sino que nosotros también fuimos crucificados con él. Otra de las cosas que el Espíritu Santo nos revela en el momento de la identificación, es que Cristo es nuestra vida. "Cuando Cristo, vuestra vida…" (Col: 3:4)

Todo esto es verdad en cuanto concierne a Dios desde el día en que confiamos en el Señor Jesucristo. Si es verdad para Dios también debiera serlo para usted. De manera que, si usted ha invitado al Señor Jesucristo a entrar en su vida, déjelo vivir su vida en usted. Para eso él entró en su vida.

Cuando comprendemos esto, vemos que no hay forma en que podamos vivir la vida cristiana.

La vida cristiana no es un conjunto de reglas que debemos guardar, eso es legalismo. Estar esclavizado por las leyes no es libertad. (Gálatas: 5:1)La promesa del Señor es: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jn: 8:32) Esta libertad consiste en invitar a Jesucristo a entrar a nuestras vidas y luego dejarlo a él vivir su vida en nosotros.

El apóstol Pablo lo resume así: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gál: 2:20)

Este estudio es necesariamente breve y sólo da a conocer ciertas bases fundamentales de la identificación. Se debe tener en cuenta que para que vivamos una vida victoriosa, una vida plena, una vida de gozo, y andar en el Espíritu, es necesario estar “firmes en la libertad en la que Cristo no hizo libres…” (Gál: 5:1) Estando atados al yugo de las leyes, no es libertad, nada está más alejado de la vida cristiana, que un conjunto de reglas y preceptos que obliguen a la carne atrabajar para Cristo. (“…no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”) El yugo de esclavitud, es la ley. (Gál: 4:24)

Es posible que usted entienda intelectualmente, (y hasta teológicamente) todo esto que hemos venido analizando. Pero este conocimiento, por sí solo, no lo han hecho a usted salvo, ni lo harán identificarse con Cristo. Esta serie de datos acumulados en la memoria nada pueden hacer por sí solos.

La identificación es un hecho real que todo cristiano debe experimentar para poder vivir en la plenitud de Cristo.

Así como hay muchas personas en el mundo que conocen el plan de salvación pero no son salvas. (Pues la salvación requiere el arrepentimiento de la persona que ha de salvarse)

Así también, hay muchas personas en el mundo que desconocen las verdades acerca de la identificación. Y hay otros, que, aunque conocen intelectualmente estas verdades, no han experimentado esta identificación.

Y así como se requiere del arrepentimiento por parte del hombre en la salvación, para que esta tenga efecto. Así también se necesita una entrega total de parte de quien se acerca a Dios, para que Cristo viva su vida en el hombre.

Una sencilla oración dará a conocer a Dios nuestra voluntad: “Señor. Me rindo a ti. Toma el control de mi vida, para que no sea yo sino tú quien viva en mí.”

“…presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” (Ro. 6:13)

Si al momento de declararle nuestra voluntad a Dios mediante una oración, la rendición es incondicional; entonces la responsabilidad de dirigir la vida y el proceso de la madurez espiritual han sido dados a Dios, Él ha prometido: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1Ts: 5:24)

El tiempo y la consumación serán diferentes en cada persona. Hay quienes experimentan esta nueva vida al momento de la salvación, otras al cabo de una semana o dos de haberse rendido totalmente al Señor; hay otros que no hemos vivido esta identificación sino después de mucho tiempo de habernos rendido al Señor. Pero lo cierto es, que si la entrega ha sido total, esta nueva vida será una realidad en usted, inevitablemente, pues no depende de nosotros, sino de Dios. Y él nunca ha fallado.

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