Citas Bíblicas

ELISEO Y NAAMÁN (2R:5:1-15) (Segunda parte)

 

Más allá de todo simbolismo, y sin ánimo de hacer decir a Dios lo que Dios no dice, podemos convenir en que la lepra de Naamán  representa el mal del hombre. Y por otra parte, Naamán con su lepra, representa en esta historia a todo el género humano; pues él es hombre al igual que nosotros, y lleva en sí mismo la necesidad de conocer al Dios verdadero
Todos los hombres, tenemos un mal el cual no podemos quitar de nosotros. Sin importar el grado de influencia que podamos tener en el mundo y más allá de las riquezas que poseamos, no hay nada que pueda librarnos de ese mal.
Al igual que la lepra del general sirio, ese mal está en nosotros y forma parte de nosotros.

¿Cuál es ese mal que nos persigue por dondequiera que vayamos?
En (Ro:5:12) se habla de un mal que es común a todos los hombres:

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, (Adán) y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres…”

El pecado es un mal que todos los hombres poseemos por el sólo hecho de ser descendientes de Adán, y no hay poder en el mundo que pueda librarnos de él.
Nótese que el pecado es parte de la naturaleza del hombre; cuando un niño nace ya es pecador, no porque haya cometido pecado, sino porque el pecado forma parte de él.  Así como hereda la forma y las cualidades de sus padres, así también hereda el pecado. Si bien es cierto que ese niño no puede hablar y razonar aun, algún día lo hará. Así también un día, inevitablemente, pecará, pues el pecar está en su naturaleza al igual que hablar y razonar. Por eso es que el apóstol Pablo concluye el versículo diciendo: “…por cuanto todos pecaron.” Todos los hombres terminamos pecando pues esa es nuestra condición.
Ahora bien: La consecuencia de pecar es la muerte.

“…el día que de él comieres ciertamente morirás” (Gn. 2:17)
"Porque la paga del pecado es muerte..."
(Ro.6:23)

La muerte separa al hombre de Dios. El pecado nos separa del Dios eterno dejándonos sin esperanza en el mundo. (Ef: 2:12)
Pero aunque somos hombres pecadores, no estamos confinados a morir eternamente. Dios tiene el remedio para ese mal. Así como libró de la lepra a Naamán y la carne del general “se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.” (2R:5:14)
Así también puede librarnos de la condenación del pecado. El único que puede limpiarnos del pecado es Dios.
¿Cómo puede el hombre limpiarse del pecado que heredó de Adán y que lleva en sí?
 Naamán se libró de la lepra haciendo lo que Dios le decía por medio del profeta. Nosotros podemos librarnos del pecado haciendo lo que el Señor dice por medio de su Palabra. En (Jn:1: 29)  se lee:

“El siguiente día vio Juan (Juan el bautista, profeta de Dios) a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”


Jesús es el remedio que Dios ha preparado para limpiar al mundo del pecado.
Así como Naamán tuvo que creer lo que le dijo el profeta, así nosotros tenemos que creer lo que Cristo dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn: 3:16)
Dios nos ama, y no quiere que ninguno de nosotros perezca, Dios quiere que todos estemos con él, no separados de él. Por eso ha dado a su único Hijo para salvarnos.
Naamán tuvo que ir y zambullirse siete veces en el Jordán para ser limpio, esa parecía una tarea muy fácil de hacer; sin embargo por poco no la realiza; lo cual lo hubiese mantenido leproso por el resto de sus días.
Pero lo que nosotros tenemos que hacer para limpiarnos del pecado es mucho más sencillo aun que lo que tuvo que hacer el general. Sólo debemos creer en Jesús: “…para que todo aquel que en él cree…”
 De no haberse zambullido como le dijo Eliseo, Naamán no se hubiese limpiado. Del mismo modo, si nosotros no creemos en Cristo tampoco seremos limpios. “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Jn: 3:17)
“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn.3:36)
¿Qué es lo que debemos creer de Jesús?
Que él es el hijo de Dios, y por lo tanto el único que puede salvarnos.
“…si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos serás salvo.” (Ro. 10:9)

Esta salvación es absolutamente gratuita. No sólo es gratuita, sino que es imposible pagarla; cualquier presente que ofrezcamos a cambio es nada ante semejante regalo de Dios.
Algo muy importante de destacar es el rechazo del profeta Eliseo a aceptar un presente, aun ante la insistencia de Naamán:

"... te ruego que recibas algún presente de tu siervo. Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré. Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso." (2R:5:15-16)

Aceptar un presente innecesario, (pues el profeta no estaba muriéndose de hambre ni necesitaba abrigo) hubiese devaluado la gracia, el poder, y la gloria de Dios.
En nuestros días hay muchos oportunistas que como Giezi, pretenden sacar algún provecho personal del mensaje divino ignorando el mal que les espera.

"...Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido a ninguna parte.
Él entonces le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas? Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a tí y a tu descendencia para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve."
(2R:5:25-27)


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