Citas Bíblicas

¿ES EL DIEZMO UN PRINCIPIO BÍBLICO?

Por si hacía falta agregar algo más a este tema del diezmo moderno; vamos a presentar este artículo, a raíz de que muchas personas fundamentan el diezmo moderno diciendo que es un principio bíblico.

Antes de proseguir, me apresuro a aclarar que no estoy en desacuerdo en que aportemos dinero a las congregaciones a la cual asistimos. Ustedes saben que no vivo de las ofrendas, ni de los diezmos de mis hermanos; sino que hasta el día de hoy sigo trabajando en una fábrica de carpas, y el salario que percibo en ese lugar es el que me mantiene tanto a mí, como a mi familia. De manera que, mi trabajo en la obra del Señor, ya sea enseñando, predicando, o lo que sea que realice en ella, es totalmente gratuito.

Pero el hecho de que mi trabajo en la obra sea totalmente desinteresado, no me da derecho, ni autoridad, para decir que no se deben recoger ofrendas para el sostenimiento de la iglesia y de aquellos que trabajan en ella, pues, si eso dijese, estaría contradiciendo a las Escrituras. Por lo tanto, ¡¡¡no estoy diciendo que no se deban recoger ofrendas en los cultos!!!

Se muy bien que esto que digo a muchos les puede parecer que está de más, pues si usted ha venido leyendo estos artículos desde hace algún tiempo, habrá podido comprobar que nunca me he negado a que se recojan ofrendas en las iglesias.

Pero siguiendo con nuestro análisis: ¿Hay algún porcentaje estipulado en la Biblia para ofrendar? ¿Es verdad que el diezmo es un principio bíblico? Veamos:

Muchas personas aceptan que el diezmo no está vigente en la gracia, y niegan que el no diezmar acarree maldición; pero al mismo tiempo, dicen que diezmar dinero trae bendición. Sin embargo, esto último es una herejía, porque diezmar dinero a la manera que se enseña actualmente, no trae bendición. Por lo menos, no hay ningún versículo en la Biblia que así lo confirme.

Sin embargo, después de haber planteado la necesidad de ofrendar a Dios, la mayoría de los pastores, (falsos o verdaderos) suponen que la cantidad que Dios indica en cuanto a ofrendar es el diez por ciento.

Pero, ¿Dónde dice eso Dios? Bueno, en ningún pasaje de la Biblia se encuentra semejante afirmación, pero los pastores "suponen" que así como Dios les indicó a los judíos que debían entregar a los sacerdotes levitas la décima parte de su grano, su fruta, sus animales, etc; así también los miembros de la iglesia deben entregar la décima parte de sus ingresos al pastor (?) ¿No es esto una herejía? ¿No es una falsedad? Es verdad que Dios determinó que los judíos entregasen los diezmos a los levitas; ¡¡¡pero nunca dijo que los creyentes en Cristo debieran entregar su dinero a los pastores!!!

No es posible trazar un paralelo entre el sacerdocio levítico y el ministerio pastoral, pues no lo hay.

Pero volvamos al tema que nos ocupa: ¿Es el diezmo un principio bíblico? ¿Cuál es el porcentaje que Dios estipuló para los creyentes en Cristo?

Para llegar a conocer la verdad sobre este punto es necesario apartar totalmente nuestra mente del diezmo moderno. ¡¡¡¡EL DIEZMO MODERNO ES UNA DOCTRINA FALSA!!! Si usted quiere hacer la voluntad de Dios, pues, ¡¡¡deje de pensar en el diezmo moderno!!!!

El diezmo no es un principio bíblico; el porcentaje que Dios estipuló lo debemos buscar en las páginas del Nuevo Testamento. Allí encontraremos las directivas de Dios en cuanto a la ofrenda:

 

COMO ADMINISTRAR LA ECONOMÍA DE UNA IGLESIA:

Toda congregación, por grande o pequeña que sea, necesita ser administrada económicamente, pues, de lo contrario, más temprano que tarde se verá envuelta en apremios económicos.

Ahora bien, ¿de dónde se obtienen los fondos para hacer frente a las necesidades de renta, luz, impuestos, salario del pastor, ayuda a los más necesitados, etc? El dinero para los gastos de cada congregación se obtiene de las ofrendas de sus miembros. Esto es absolutamente lógico, y no hay motivos de nuestra parte para ir en contra de esa verdad.

De manera que, estamos en condiciones de afirmar que ofrendar es una necesidad. Sin embargo, y más allá que sea una necesidad, ofrendamos por tres motivos principales:

1) Para honrar a Dios. "Honra a Jehová con tus bienes..." (Pr:3:9)

Aquí cabe aclarar que la iglesia no es el único lugar en donde ofrendamos a Dios, pues en el mismo libro de Proverbios se lee: "A Jehová presta quien da al pobre..." (Pr:19:17) De manera que cuando ayudamos a los necesitados, también estamos honrando a Dios. Si usted no pertenece a ninguna congregación, no es indispensable que vaya a una iglesia a dar su ofrenda; sino que puede ayudar a quienes lo necesitan. Hay muchos niños por ahí que necesitan alimento y abrigo.

2) Para las necesidades de la iglesia.

3) Para ser bendecidos. Tenga en cuenta que diezmar, a la manera que enseñan los maestros modernos, no trae bendición, pero ofrendar sí, esto podemos constatarlo en el siguiente pasaje:

"Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos para toda liberalidad..." (2Co:9:10-11)

Tenga en cuenta que este versículo que acabamos de leer, no tiene absolutamente nada que ver con el diezmo moderno. Dios no lo va a bendecir porque usted diezme de la manera moderna; pues no hay ninguna promesa de parte de Dios al respecto; pero sí lo bendecirá si usted ofrenda para toda necesidad, alegremente.

¿Ofrendar es un mandamiento? No exactamente. Todo creyente verdadero es una criatura nueva, una criatura espiritual creada en Cristo Jesús para buenas obras; por lo tanto, tiene un corazón nuevo, un corazón agradecido, un corazón desinteresado en sí mismo, pero a la vez, interesado en el prójimo. De manera que, a la hora de dar, se siente gozoso de poder hacerlo y quiere participar. Es como si dijese: "permítanme ofrendar" Esto lo podemos comprobar en el siguiente pasaje:

"Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos." (2C:8:1-4)

Es verdad que en este pasaje el apóstol Pablo está hablando de una ofrenda para los santos de Jerusalén; pero nuestra intención al citar este pasaje, es mostrar cómo actúa el corazón del verdadero hijo de Dios. Un verdadero cristiano, siempre quiere participar con su ofrenda en cada lugar adonde ve una necesidad.
Otra de las cosas que podemos ver en este pasaje es que la pobreza no es excusa para no ofrendar. Sin embargo, esto no es motivo para presionar, ni hacer sentir molestos a los hermanos de menos recursos. Debemos enseñar amorosamente a los hermanos a conducirse de acuerdo a su nueva naturaleza; recordándoles que el dar es un privilegio

Ahora bien: Una vez que hemos comprobado que la ofrenda es la voluntad de Dios para nuestras vidas, solo nos resta saber cuánto es la cantidad que cada uno de nosotros debe dar. En este punto muchos caen en el absurdo de decir que, el diez por ciento es el porcentaje que Dios ha estipulado. Pero eso no es verdad.

En el Nuevo Testamento leemos que el apóstol Pablo dice: "Cada uno de como propuso su corazón:..." (2Co:9:7) ¡¡Esa es la cantidad!! Cada uno tiene que dar lo que en su corazón ha dispuesto. Esto es: Desde nada... a todo. Cada uno debe dar, lo que quiera dar, ya sea a la iglesia, o para cualquier otra necesidad.
Sigamos leyendo:

"...no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre." (2Co:9:7)

De esto se desprende que el diezmo no es la medida que Dios ha dispuesto ¡¡¡No puede ser el diez por ciento la medida de Dios!!! ¡¡¡¡Pues si el diez por ciento no coincide con lo que el creyente propuso en su corazón, no estará dando alegremente, sino con tristeza!!!!! ¿Verdad?

Veamos: Usted quiere dar, y Dios quiere que dé alegremente, no con tristeza. Entonces, ¿cuánto tiene que dar? Lo que su propio corazón haya dispuesto!!! Dando de ese modo su ofrenda será agradable a Dios, porque será entregada de corazón. Es decir, no estará dando por imposición, ni por obligación, ni con tristeza, ni como exigencia, ni por necesidad, sino porque quiere dar. Es decir: generosamente.

En cambio, cumplir la ley, no siempre es un acto de generosidad. Por ejemplo: mucha gente paga los impuestos por obligación, y no por generosidad. Ante esto cabe recordar que el amor al prójimo comienza cuando la ley desaparece; por eso el Señor dice: "...si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entrareis en el reino de los cielos" (Mt:5:20) enseñándonos con esto, que los actos de justicia no tienen que ver con el cumplimiento de la ley; sino con las intenciones de un corazón regenerado.

Lo que cada uno de nosotros debe aportar es lo que propuso en su corazón; ni más, ni menos. De ese modo cada dador lo hace con alegría.

Ahora bien: Nadie debe juzgar a nadie respecto a lo que cada uno aporta, ya sea por mucho o poco. (Ro:14:4) Sin embargo, se debe instruir a todos en cuanto a dar generosamente, porque quien da generosamente segará generosamente. (2Co:9:6)

Esto último se debe enseñar con mucho cuidado para que no parezca una amenaza, pues no es así como lo manifiesta el apóstol.
Es necesario tener en cuenta que, "generosamente", no está significando una cantidad; sino lo contrario de mezquindad. Es decir, está relacionado con las intenciones del corazón más que con la cantidad. Pues, es posible que aquello que es una poca cantidad para algunos, signifique mucho para otros. Por lo tanto, nadie está en condiciones de juzgar si lo que otro da, es mucho o poco; cada dador sabe si lo que da es escaso o de generosidad.

A la hora de instruir a los hermanos hay que tener en cuenta que la ofrenda nunca tiene que tener carácter de exigencia; sino que quien da, debe ser movido por su generosidad.

"...como de generosidad, y no como exigencia nuestra." (2Co:9:5)

Sin embargo, es importante que todos aquellos que puedan, contribuyan al sostenimiento de la congregación a la cual concurren. (2Ts:2:6-13) (siempre y cuando esa congregación sea la verdadera iglesia de Cristo) Esto, a mi modo de ver, es lo más sano y justo que puede manifestarse en una congregación respecto a la economía . Esto es, que todos aporten, sin importar cuanto es lo que aporta cada uno, pues Dios ama al dador alegre.
En contraposición, diremos que el diezmo no es saludable, pues mediante ese método muchas personas se quedan sin aportar;o entristecidas de no poder "cumplir con el diezmo", y las que sí contribuyen creen ser más espirituales que los demás. Además, los pastores suelen tratar de "mezquinos" a los que aportan menos del diezmo y de "espirituales" a quienes lo dan. En fin, mi sugerencia es que hay que alejarse de esos lugares.

Cuando hemos presentado estos principios bíblicos a los maestros del diezmo moderno, nos dicen: "la cantidad para la ofrenda a los pobres está determinada por el corazón de cada uno, pero el diezmo que se debe entregar a la iglesia está estipulado por Dios"

Pero esta afirmación de parte de ellos siempre concluye tropezando con el mismo obstáculo: y es que, ninguno de esos maestros, ha podido jamás mostrarnos el pasaje bíblico en donde Jesús, o los apóstoles, enseñan directivas en cuanto al diezmo moderno. Más aun, jamás en la Biblia se habla de ese diezmo.

En el NT encontramos directivas para ofrendar, pero no ocurre lo mismo con el "supuesto" diezmo moderno.

Por lo tanto, todo lo que enseñan en cuanto a esa doctrina solo es presunción y suposiciones. Lo cierto es que si el diezmo moderno fuese una doctrina bíblica, los apóstoles lo hubiesen enseñado con total claridad, o por lo menos habría un versículo en el Nuevo testamento en el cual apoyarse. ¿No le parece?

Hay quienes piensan que si no se dictamina un porcentaje en las ofrendas, o no se fija una cantidad, la mezquindad del hombre hará que el dinero que se aporte sea muy poco.

Ante este supuesto argumento es importante manifestar, que no se debe subestimar la generosidad del verdadero discípulo de Cristo. No obstante, siempre será mejor recaudar poco, estando bajo la voluntad de Dios; que tener grandes ofrendas falseando las Escrituras.

Por último, cabe recordar que el pastor no es el dueño de ese dinero; sino que los fondos deben ser administrados por personas de buen testimonio, cuya honestidad y solicitud sean manifiestas; hombres que sean cuidadosos de utilizar el dinero de todos, en aquello que agrada a Dios.

Hay algo más que quisera recordarle, y es que un día Dios juzgará toda falsa enseñanza y castigará a los maestros presuntuosos.

"...mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea...¡Ojalá se mutilasen los que os perturban!" (Ga:5:10;12)