Citas Bíblicas

CONGREGARSE NO ES UN FIN EN SI MISMO
(Hebreos 10:23-25)

En el mundo existen infinidad de denominaciones que se autodefinen como “cristianas”, pero en realidad no lo son. Solo utilizan el nombre de Cristo para enriquecerse, es decir, sirven a las riquezas y no a Dios. La gente que cae en manos de estas agrupaciones de “seudo cristianos”, es sometida a enseñanzas erróneas, las cuales tienen por objeto transformar a las personas en títeres que repiten frases doctrinales cuyo fin no entienden, y cuya base bíblica ignoran. Las personas que han sido manipuladas de esta manera, llevan sobre si mismas una carga de mandamientos los cuales el Señor nunca dictó.
En este artículo vamos a mostrar cuales son los mandamientos del Señor, y cual es el engaño.

El engaño procura desviar la atención del oyente, de los verdaderos propósitos de Dios, y muestra como verdadero lo que no lo es. Su fin es aprovecharse del oyente, manipulándolo para obtener de él ganancia deshonesta.

En el caso que vamos a presentar, los falsos maestros enseñan como mandamiento lo que en verdad es el medio, y a lo que es mandamiento, lo ignoran.
Es muy importante determinar qué es un mandamiento y qué no lo es; porque si no sabemos cuál es la voluntad de Dios mal podremos cumplirla.
Para saber qué es aquello que ha mandado el Señor, nada mejor que recurrir a Su Palabra. Nada puede ser más verdadero que la palabra del Señor dicha por él mismo. No importa lo que yo digo que dice el Señor; ni lo que otros dicen que su palabra enseña. Sólo Su Palabra es la verdad, por eso vamos ha buscar en ella lo que dice acerca de congregarnos porque:

Nada tiene más valor ni es más verdadero, que aquello que el Espíritu de Dios enseña a través de Su Palabra.

Hay muchas personas que suponen que ir a las reuniones de la iglesia es un mandamiento del Señor, pero no lo es.
Y con esto no estoy diciendo que no haya que hacerlo; sería una necedad afirmar tal cosa, tanto como lo es decir que “reunirse” es un mandamiento.

¿Cuáles son los mandamientos del Señor?

Mateo 22:37-40 “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón...Este es el primero y grande mandamiento
Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

A partir de aquí uno puede:
1) Suponer lo que quiera, es decir, yo puedo suponer que amar al prójimo y amar a Dios es: lo que se me ocurra.
2) Creer y “aprender de memoria” lo que otros dicen que esto quiere decir; corriendo el riesgo de ser engañado y engañar a otros. 2TI 3:13
3) Pedir al Espíritu de Dios que me guíe a la verdad Sg 1:5-7; Jn 14-26

Si pedimos al Señor que nos guíe a través de su palabra, veremos que:

Aquel que ama al Señor guarda su palabra
:

“…El que me ama, mi palabra guardará;…” (Juan 14:23)

“Guardar” significa y da idea de: proteger. Es decir, (si se me permite aclararlo) que debo proteger la palabra que el Señor depositó en mi. Protegerla en mi mente y en mi corazón, de manera que no sea arrebatada ni adulterada. Si la guardo, el Señor promete que: “...y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.”
De esto se desprende que: “Amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.” Es guardar su Palabra. No es “hacer” tal cosa, o tal otra, sino guardar su Palabra.

Y aquí llegamos al nudo en cuestión.

¿Qué dice su Palabra en cuanto a congregarnos?
Si logramos saber que dice el Señor en cuanto a congregarnos podremos guardar su Palabra con respecto a eso. Pero sin escudriñar en Su Palabra, y sin acudir a la guía de Su Espíritu nunca sabremos la verdad y seremos presa fácil de cuanto engañador oportunista aparezca.
La mayoría de las personas esta familiarizada con el pasaje del libro de “Hebreos” (Hebreos:10:23-25) De manera que vamos a partir de él para analizar el tema que nos ocupa:

“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos uno a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

¿Dice este pasaje que “no debemos dejar de congregarnos”? ¿O dice que debemos “estimularnos al amor y a las buenas obras”? ¿Cuál es el punto en cuestión? ¿Qué es lo primero y que es lo secundario? ¿Cuál es el fin y cual el medio que nos va a llevar a cumplir con la voluntad del Señor?

Primeramente el autor de “Hebreos” habla de “mantenerse firme en la esperanza” ¿Cuál esperanza? La esperanza es que el Señor volverá. “Porque aun un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.”(Hebreos:10:37) Queremos que vuelva y que nos encuentre como es digno de él “en amor y haciendo buenas obras
Amor significa aquí “misericordia”. La misericordia es la compasión en acción. Cuando una persona ve a otra en dificultades y siente lástima por ella, pero no hace nada para remediar la situación del que padece, no está siendo misericordioso. La misericordia consiste en obrar conforme a la necesidad del que padece, a fin de aliviarle el sufrimiento.

¿Con quien debo usar misericordia?


Con cualquier persona que padece y esta en relación conmigo. Eso es amar al prójimo. Ya que prójimo es “cualquier persona en relación a otra” De esto se desprende que debo amar a toda persona que este en relación conmigo, ya que el mandamiento de Dios consiste en eso: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. “Como a ti mismo” significa “…todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos,…” (Mateo 7:12)
De manera que cuando en (Hebreos:10:24 ) leemos: “…y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor…” quiere decir: pongámonos en frente uno del otro (considerémonos) para alentarnos a tener misericordia (amor).

¿Por qué necesitamos ser estimulados a tener misericordia del prójimo?


Porque no es fácil amar al prójimo. Sin embargo ese es el mandamiento del Señor:

“…No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra, y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos. Al que te pida dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses…Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;” (Mateo:39-44)

Esto último se refiere a tener misericordia de ello, (Lucas:6:36) compadeciéndose de sus necesidades. Y el Señor sigue diciendo:

“…para que seáis hijos de vuestro Padre que esta en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿Qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen así también los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”
(Mateo 5:45-48)

Ser "perfecto" significa aquí, amar al prójimo, quienquiera que este sea. Pero, como dijimos, no es fácil, por lo que necesitamos estimularnos unos a otros, “animarnos unos a otros” para hacerlo. Sin embargo, debemos hacerlo; ya que esa es nuestra profesión: amar y hacer buenas obras a la medida que Dios las hace.
Es necesario que el hijo de Dios ande en buenas obras, en la fe que obra por el amor. Y congregarse, es el medio por el cual podemos llegar a estimularnos para llevar a cabo el mandamiento. Ahora bien, no es necesario que sea en un salón o un lugar determinado, sino que nos veamos de algún modo en alguna parte, a fin de animarnos mutuamente. El congregarse no es un fin en si mismo; (permítame que lo repita una vez más) sino el medio por el cual podemos estimularnos unos a otros, para llevar a cabo el mandamiento de Dios.
La verdad es que con solo congregarnos no estamos haciendo nada bueno; ya que puede ocurrir que, una vez reunidos, seamos indiferentes a las necesidades de algunos de los hermanos; o nos incitemos a la violencia, al odio, al chisme, etc. A propósito de esto, el apóstol Pablo escribe a los corintios:

“Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones…” (1Co:11:17-18)

Como vemos en esta cita, los corintios se reunían como iglesia, pero no "para lo mejor, sino para lo peor"
Eso mismo ocurre hoy en muchísimas iglesias en donde los creyentes se congregan, por congregarse nomás; olvidándose del verdadero mandamiento de Dios.
En fin, congregarse no tiene ningún valor en si mismo; pero lo adquiere cuando “nos consideramos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras” (misericordia y justicia) "Exhortándonos (animándonos) y mucho más, sabiendo que el día en que el Señor vendrá, está cerca.
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Quienes enseñan que congregarse es un mandamiento del Señor, lo hacen para infundir miedo en la gente, para que ésta, no deje de concurrir con su dinero a las reuniones; donde solo escuchara mentiras, disfrazadas de doctrinas bíblicas, mientras le roban.

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