Citas Bíblicas

Cómo amar la vida y tener días buenos. (1P:3:10-13)

A menudo nos encontramos con personas creyentes que viven una vida de tristeza, agobiados por las circunstancias en las que viven y totalmente desesperanzados. A punto tal llega esta desesperanza que les quita las ganas de vivir. Oran a Dios, pero parece que sus oraciones no son contestadas, y siguen en un estado de angustia y depresión. En los salmos se lee: "Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias." (Sal:34:17) pero a veces pareciera que esa promesa no funcionara.
No crea que soy ajeno a esta situación; durante mucho tiempo pensé que la vida realmente no merecía ser vivida. De manera que pasaba mis días esperando al Señor con ansias. Pero, al igual que muchos creyentes, no esperaba la venida del Señor por el solo anhelo de verlo; sino porque simplemente quería ser librado de esta falta de entusiasmo por vivir.
Gracias al Señor, que un día me reveló cual era mi problema, ahora estoy en condiciones de gozar de la vida, pues he sido librado de mi desesperanza.
Vamos a analizar un pasaje de la Escritura, y usted podrá ver lo simple que es llegar a “amar la vida y ver días buenos.”

“Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal y haga el bien; busque la paz y sígala.
Porque los ojos de Dios están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal. ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?” (1P:3:10-13)

En su primera epístola, el apóstol Pedro nos enseña como librarnos de la angustia, de la depresión, de los conflictos y de toda amargura; a punto tal de llegar a “amar la vida.”
El apóstol Pedro dice: “El que quiere amar la vida” Y estoy seguro que algunos de los que leen este artículo realmente aman la vida. Pero habrá otros que se preguntarán: ¿Es posible amar la vida? Esto se debe a que hay personas que sufren grandes penalidades, por lo tanto no aman la vida. Ahora, justo es reconocer que hay otras personas que no aman la vida a pesar de no sufrir ninguna penalidad.
(También hay aquellos que dicen amar la vida porque temen a la muerte; pero eso es otra cosa.)

Vayamos al análisis: ¿cómo es posible “amar la vida y ver días buenos”, en un mundo insano, lleno de desvaríos y locura crónica, en donde las relaciones humanas se tornan muchas veces insoportables?
A pesar de lo calamitoso que parece ser el mundo, el apóstol Pedro nos instruye acerca de cómo vivir gozosos siguiendo las directivas de Dios.

Primeramente el apóstol nos dice que si queremos amar la vida y ver día buenos debemos “refrenar la lengua de mal” Esto significa que no debemos utilizar nuestra lengua para maldecir, insultar, juzgar, criticar, en riñas, altercados “…enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones…” (Ga:5:20)

Tampoco debemos “hablar engaños” El engaño es una mentira con apariencia de verdad. Es un argumento que contiene partes de  mentira y partes de verdad, y es dicho para aprovecharse de la ingenuidad del prójimo. Se diferencia de la mentira porque ésta es falsa en su totalidad, y por lo general, se dice para encubrir un pecado.

Lo tercero a tener en cuenta es “apartarnos del mal”  Esto se refiere a apartarnos de las obras de la carne: “adulterio, fornicación inmundicia, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas… los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Ga: 5:19-21)
Esto tal vez no requiera ninguna explicación; sin embargo, permítame decirle que conozco a muchos creyentes cuyo malestar con la vida es notorio, porque no dejan de practicar algunas de estas cosas. Si usted quiere “amar la vida y ver días buenos” debe alejarse de estas obras, de lo contrario su vida será peor que la de un incrédulo. Aléjese de la pornografía, de la glotonería, de la ira, etc.

Ahora bien: No basta con, no hacer el mal, ni basta con apartarnos de las obras de la carne para librarnos de la angustia y la depresión; sino que debemos “hacer el bien” Esto implica someternos a las autoridades superiores (Ro:13:1-6) y además: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo ha cumplido la ley.
Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.” (Ro:13:7- 10)
Amar al prójimo es hacer por otros lo que me agradaría que los otros hiciesen por mí. (Mt:7:12) Por ejemplo: Si anduviese por las calles pidiendo limosna, me agradaría que la gente me ayudase.; si estuviese enfermo, me gustaría que me fuesen a visitar; etc. El Señor dice:

“…Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis por mí.” (Mt:25:34-36)

En quinto término tenemos que “buscar la paz” Esto no se refiere a la paz del mundo, sino a la paz con el prójimo: con nuestra esposa, o esposo, con nuestros hijos, vecinos, amigos, parientes, conocidos, etc El apóstol Pablo dice: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” (Ro:12:17-19)

Por último: No basta con buscar la paz, sino que una vez que la hemos logrado, debemos “seguirla”. Seguir la paz con el prójimo tal vez sea complicado, pero seguir la paz es mucho mejor que seguir una contienda… y más beneficioso. Debemos procurar mantener la paz con todos aquellos que nos rodean y con quienes mantenemos alguna relación, ya sea laboral, de negocios, afectiva, o como sea.

Ahora bien: ¿Qué ocurrirá cuando nosotros hayamos refrenado nuestra lengua; y no hablemos engaños? ¿Qué acontecerá cuando nos hayamos apartado del mal y hayamos hecho el bien? ¿Qué sucederá cuando además de esto, hayamos buscado la paz y la hayamos seguido?
El resultado será que Dios oirá nuestras oraciones!!!!! ¿No es maravilloso? Tal vez usted se preguntaba por qué motivo Dios no responde a sus oraciones. Bueno… quizás usted no está cumpliendo con estos requisitos. Pedro dice que Dios nos dará la espalda si nosotros no cumplimos con estas seis cosas. Oigámoslo:

“Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.” (1P:3:12)

Definitivamente, tenemos que aceptar que Dios obrará a nuestro favor el día que comencemos a vivir de acuerdo a sus mandamientos. Es decir, el día en que seamos justos en nuestro obrar, pues verdaderamente somos justos ante Dios por la fe en Jesús; pero si nuestro Padre no oye nuestras oraciones es porque no somos justos en nuestras obras. Mientras nuestras obras no sean justas, solo recibiremos disciplina de parte de Dios.

De nada vale ir ante Dios a hacerle peticiones si llevamos una vida deshonrosa, una vida que desprestigia el nombre de Dios. No es un buen padre aquel que concede deseos a sus indisciplinados hijos, sino aquel que los disciplina; y Dios nos concederá aquello que pedimos cuando hayamos comenzado a obrar de acuerdo a su voluntad. Dios es un buen Padre; y espera que sus hijos se comporten de una manera honrosa, para que el mundo vea sus buenas obras y glorifiquen al Padre Celestial. (Mt:5:16)
Muchos son los hijos de Dios que andan atribulados, acongojados, deprimidos, angustiados y sin ningún deseo de vivir, ignorando que la solución a esos problemas está en sus manos. Solo tienen que: Refrenar su lengua de mal y del engaño; apartarse del mal, hacer el bien; buscar la paz y seguirla.
Usted está totalmente capacitado para cumplir con estos requisitos. Pero tal vez le parezca que es demasiada tarea; si es así, le sugiero una cosa: comience por lo primero: refrenar su lengua. Es decir: no maldiga, no diga palabras deshonestas, no insulte, no juzgue, no critique, deseche la mentira y el engaño. Tal vez piense que si comienza a comportarse así el mundo lo tomará por estúpido y se aprovechará de usted; sin embargo, no es eso lo que ocurrirá, sino que descubrirá que haciendo estas cosas se cumple lo que dice el apóstol Pedro:

“¿Y quién es aquel que os podrá hacer el daño, si vosotros seguís el bien?” (1P:3:13)