Citas Bíblicas

LA VERDAD DEL EVANGELIO SE BASA EN LAS ENSEÑANZAS DE LOS APÓSTOLES (Hechos:15:1-23)

Uno de los problemas que tuvo que afrontar la iglesia en sus comienzos fue ocasionado por personas que querían introducir los mandamientos de Moisés en las doctrinas cristianas. Éstas personas eran fariseos que habían creído (Hch:15:5) pero nadie les había dado autoridad para enseñar tales cosas.(Hch:15:24) Sin embargo, estos fariseos, muy creídos de sí mismos, perturbaban las almas de los nuevos discípulos con mandamientos que ellos suponían que era necesario guardar, pero lo cierto es que los apóstoles jamás habían enseñado nada de eso.
Veamos como lo dice la Escritura:

Hechos 15:1-32

El concilio en Jerusalén

Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión. Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos. Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.
Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto. Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.
Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles.
Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme: Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:
    “Después de esto volveré
    Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído;
    Y repararé sus ruinas,
    Y lo volveré a levantar,
     Para que el resto de los hombres busque al Señor,
    Y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre”, Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos. Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo. Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos; y escribir por conducto de ellos:

Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud. Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley,  nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo. Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.

Así, pues, los que fueron enviados descendieron a Antioquía, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta; habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación. Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras.
Como podemos ver, hay solo cuatro cosas aquí que los creyentes en Cristo debemos guardar, esas cosas son: “que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación”
(Hch:15:29)


Está demás decir que los ancianos, los apóstoles y el Espíritu Santo ¡¡¡no dijeron nada de guardar el sábado!!!!


En la actualidad, al igual que en aquellos días, hay ciertas personas que aseguran que hay que guardar el sábado porque así está escrito en la ley; y para demostrar lo indemostrable hacen toda una serie de conjeturas para llegar a decir que la orden de guardar el sábado es anterior a la ley; pero ante ésta afirmación cabe preguntarse: ¿Por qué el Espíritu Santo no se lo hizo saber a los creyentes de Antioquia?  Si los apóstoles sabían que debía seguir guardándose el sábado, ¿Por qué dejaron pasar esta oportunidad y no le avisaron a los creyentes gentiles que debían guardarlo?


Lo cierto es que a estas personas, nadie les ha dado ninguna orden y tampoco ninguna autoridad para decir semejante cosa, pero al igual que los fariseos de antaño andan muy creídos de sí mismos citando erróneamente la Biblia para hacer decir a Dios lo que ellos quieren que diga. Y sin hacer caso de lo que los apóstoles enseñaron, inventan doctrinas en base a vaya saber qué visión que tuvo no sé quién en quién sabe qué año.
Demás está decir que cada uno es dueño y libre de guardar los días que más le plazca. Pero lo que no se debe hacer es inventar doctrinas para esclavizar al pueblo de Dios; y quien lo haga sufrirá las consecuencias del caso. (“…el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea.” Gá:5:10)


Finalmente, hemos de agregar que el pueblo de Dios no necesita un día de reposo, pues ya ha entrado en el reposo de Dios. (Hb:4:10) pero esto lo ignoran los inventores de mandamientos.

Ahora bien: Si usted, apreciable lector, desea guardar el sábado como día de reposo y dedicarlo al Señor, le aseguro que no encontrará de mi parte ninguna objeción. Estoy convencido de ello. Créame que no me interesa en lo más mínimo hacerle cambiar de parecer; solo le pido, que permita a este servidor guardar todos los días de su vida para el Señor, (no solo el sábado) porque así lo ha decidido, pues así lo ha aprendido del Espíritu Santo y los apóstoles.

Es importante recordar que las doctrinas que no hayan sido enseñadas por los apóstoles carecen totalmente de valor, pues los apóstoles fueron quienes proclamaron las doctrinas en las que se basa la verdad del Evangelio del Señor Jesucristo. (Ef:2:20) Todo estudiante de la Biblia debiera saber que una doctrina para ser autentica necesita haber sido enseñada por los apóstoles, y cuando digo “apóstoles” me estoy refiriendo a los que nombran las Escrituras, no vaya a pensar que creo en esos otros que andan por ahí haciéndose llamar "apóstoles", ignorando lo que ese término significa en las Escrituras.