Citas Bíblicas

CÓMO SERVIR AL SEÑOR CON ÉXITO (Un estudio acerca de la vida del águila)

INTRODUCCIÓN:
En este estudio analizaremos la vida de las águilas en comparación con la vida del creyente. El propósito de este estudio es conocer un poco de las águilas y mucho de cómo servir al Señor. Nos proponemos mostrar la grandeza de los caminos de Dios con el hombre, y por otro lado, queremos dar a conocer algunas de las diferencias que existen entre un creyente maduro y un creyente inmaduro.
Un creyente inmaduro es alguien que cree aunque no vive como cristiano; es decir es un creyente carnal; pero un creyente maduro es alguien que cree y vive como Cristo, por eso es un “cristiano” es decir, una persona "semejante a Cristo"
No hay tal cosa como un cristiano carnal, un cristiano es alguien “parecido a Cristo” No se puede ser carnal y semejante a Cristo a la vez.
Mediante este estudio acerca de las águilas y su comparación con la vida del creyente, podremos aprender a reconocer algunas de estas diferencias y como servirle al Señor con éxito siendo cristianos.

La palabra águila aparece muchas veces en la Biblia, es nombrada más que cualquier otra ave. Son los reyes del aire. No hay otra igual. El Señor compara al águila con la vida del creyente; no con el creyente.
Lo importante es lo que dice Dios acerca del águila. Es el ave favorita de Dios.
En (Is:40:30-31) vemos en la vida del águila un objetivo divino.

"Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán."

Es un hecho probado desde la Palabra de Dios que servir al Señor es un gran gozo. Hay muchas victorias en el servicio; pero no es fácil, por eso Dios le da poder al que está por caer. Aun los “jóvenes flaquean y caen”, pero Dios nos ayuda a levantarnos y subir como las águilas.

Las águilas son aves del aire, no de la tierra, hacen su nido en el árbol más alto, cerca de las rocas y los lagos. Vuelan a más de 10Km. de altura, más alto que muchos aviones. Hay algunas especies que cazan serpientes y otras peces; aunque pueden comer otra cosa su comida favorita son los peces en unas y las serpientes en otras.
El Señor nos insta a esperar en él. La paciencia es una virtud, siempre produce ganancia. El cazador paciente siempre tiene comida.
El creyente paciente recibirá muchos galardones si espera a Dios y no se adelanta un día y tampoco se atrasa un día. Dios nos bendecirá con un gran número de bendiciones pues se ha obligado a sí mismo, pero a su tiempo.

LAS FUNCIONES DEL ÁGUILA:
Las águilas tienen dos funciones fundamentales en su vida: madurar y preparar a alguien para que madure.
Un líder, (un creyente maduro) necesita reproducirse, porque un día estará delante de Cristo y recibirá galardones por su fidelidad y por cada uno de aquellos a quienes ha discipulado o instruido.
Algunos creyentes se cansan y se apartan de la obra de Dios. No están enojados con Dios, sólo están cansados. Dios dice: “yo renovaré tus fuerzas y luego remontarás” Ese es el momento de la madurez; lo que diferencia al niño del hombre.

SIENDO GUIADO POR EL ESPÍRITU SANTO:
Las alas del águila tienen más de dos metros de envergadura; la punta de cada ala tiene seis “dedos” los cuales puede mover como quien mueve el codo o la muñeca. Cuando vuela dispone estos dedos de un modo que le permiten flotar en el aire sin necesidad de mover las alas. Puede estar en el aire diez horas flotando sin hacer ejercicio; “descansando”. En (Hb:10) se dice que hay un descanso para el pueblo de Dios.
El viento mantiene al águila en el aire; pero para que esto suceda es necesario que el águila disponga sus alas de una manera especial, pues si las pone de una manera incorrecta se cae.
Al creyente es el Espíritu  Santo el que lo mantiene. No hay que olvidar que si estamos cansados es porque estamos haciendo las cosas incorrectamente.
Sobre esto es necesario aclara que no podemos hacer algo para Dios. Ninguno de nosotros puede hacer llover, o hacer crecer; tampoco podemos forzar a alguien a recibir a Cristo; pero Dios puede hacer todo esto por medio de ti.
El objetivo más importante de tu vida es lo que Dios hace por medio de ti. Las tormentas en tu vida seguramente vendrán, pero las tormentas que en la tierra te destruirían, en el aire te elevan aun más.
Cuando eres guiado por el Espíritu Santo y tienes problemas el mundo te mira y pregunta por qué no te enojas, o por qué no te desanimas; y esto se debe a que saltas por encima del problema. Los problemas no hacen caer a los líderes sino que los alzan. Dios te tomará y te elevará por encima de los problemas.

Las alas del águila le permiten volar a gran altura y aun de espaldas. Juegan entre ellas en el aire haciendo círculos a veces durante dos o tres horas. Siempre cazan mientras planean. Pueden cruzar por el bosque a 60Km. por hora sin peligro.
Lo que el águila hace por instinto el Señor permite que el creyente lo haga por discernimiento. El temor de Dios es el conocimiento; es decir, primero está la sabiduría luego el conocimiento, pero caminar con Dios es discernimiento. Cuando el discernimiento espiritual obra en ti, las personas podrán preguntarte: “¿Por qué hiciste tal cosa?” Y responderás: “Porque Dios me guió”
En cuanto a esto necesitamos tener en cuenta que el Espíritu Santo siempre te llevará de acuerdo a la Palabra. No es cosa de echarle la culpa a Dios de cualquier barbaridad que hagamos, pues cuando tu proceder no es de acuerdo a las Escrituras, no estás lleno del Espíritu Santo.

UNA VIDA DISTINTA:
La diferencia entre un águila y otra ave es que tiene un estilo de vida distinto. Así también el cristiano: habla, vive y se muestra de una manera distinta. Es confiado, no arrogante, sino confiado.
El mundo busca a alguien que sepa quién es, alguien que sabe qué hacer y adonde va. Al hombre que firmemente sabe adonde va el mundo lo mira y le abre paso.

Las alas del águila son muy poderosas, cuando se cierran se traban como cierre de abrojo. No son como las del pato, el ganso, etc.
Es la única ave que puede salir volando directamente hacia arriba. Las plumas son cien veces más fuertes que las de cualquier otra. El águila maduro puede llegar a pesar 16Kg. En menos de dos horas puede matar a un ciervo, sacarle la piel, los huesos y llevar su carne al nido. Puede levantar hasta 50Kg. Y llevarlo 1600 metros colocándolo a 20 metros del piso.
El creyente también puede hacer algo más grande de lo que él es: discipular a alguien para que lleve diez mil personas a Cristo.
Una corona es un premio que Dios otorga por algo que se ha hecho con motivos y métodos correctos. Si Dios lo da es porque ha sido hecho con humildad y por el Señor.

Hay cuatro elementos importantes en la vida del águila: Un nido grande; una percha; una piedra y un nido pequeño.
La pareja de águilas se unen de por vida, los dos edifican el nido y crían hijos que puedan vivir en el desierto y servir correctamente.
El plan de Dios es tener hijos que puedan vivir en el mundo sirviéndole.
Cuando un águila edifica un nido lo construye muy alto y en un árbol que pueda aguantarlo; con troncos de 25cm. de diámetro y hasta 3 metros de largo y sigue edificándolo año tras año; así es que puede llegar a pesar dos toneladas.
Cerca del nido el águila tiene una piedra a la cual va todos los días, recibe en ella el calor y la fuerza del sol.
El creyente tiene una piedra en la cual fortalecerse; podemos temblar sobre esa roca pero ella está firme. La roca es Dios por medio de Jesucristo.

Además de la piedra el águila tiene cerca de su nido una percha donde suele estar por horas; desciende a ella doblando sus rodillas y puede dormir así sin caerse.
Cuando el creyente aprende a doblar sus rodillas en oración no cae.

El nido grande, la peña y la percha están juntos, el águila los utiliza de por vida; están ubicados en lo que es su zona de caza; cualquier animal que entra en ella sabe que ha entrado a la zona del águila.
Tú eres más importante que un águila y tu territorio es el mundo.

El águila pasa por muchas cosas buscando su comida favorita.
El creyente tiene hambre de la Palabra más que de cualquier cosa que el mundo le pueda ofrecer
El águila come lo que más le agrada, puede comer zorrino pues hay muchos por ahí, pero no quiere.
Así también Dios desarrolla en el creyente un gusto espiritual. El día llega al fin cuando el creyente logra aprender algo directamente de Dios, sin la ayuda de otra persona, entonces comienza a caminar en un nivel más alto.

El águila tiene además un nido chico; está separado del grande por un metro de distancia; no tiene grandes troncos; es de un metro de ancho y 70 cm. de profundidad; tiene piel de conejo o de otro animal para hacerlo suave. La hembra pone ahí dos o tres huevos con una diferencia de días entre uno y otro, de manera que el segundo huevo se abre dos o tres días después que el primero. Siempre el primero en nacer es Caín y el segundo es Abel. El primero es tres días mayor y más fuerte, come casi toda la comida por lo cual el menor suele morir de hambre. A veces el mayor lo tira del nido y muere.
Cuando el segundo vive es porque la mano de Dios lo protegió.
El creyente es el segundo águila, no tiene las oportunidades que tuvo el otro; pero Dios tiene su mano sobre él.

Las águilas solo pelean con las agallas, no utilizan el pico.
La boca a hecho mucho daño a la causa de Cristo; los creyentes maduros no hacen esto, solo pelean con la Palabra usándola correctamente.(2Ti:2:14-16)

EL CUIDADO DE LAS CRÍAS:
Los bebés aprenden a gozar lo que los padres le dan de comer; nunca un niño prefirió cerveza o pornografía; alguien le enseñó ha tener gusto por esas cosas.
Si a los hijos de las águilas alguien les diera a comer alguna porquería sus padres lo atacarían; las águilas mueren por sus crías.
Necesitas alimentar a los bebés con la Biblia porque eso los hará crecer.
Las águilas enseñan a sus crías a sobrevivir. Así también los padres deben enseñar a sus hijos para que sepan cómo vivir cuando estén lejos del cuidado de ellos. Es necesario dotar a los hijos de honestidad, carácter, moralidad, fuerza…Los padres deben darle todo lo que el hijo va a necesitar para que lleve en su bolso el día que se vaya.

Las crías nunca están en el nido grande ni duermen con los padres y tampoco están entre ellos. Las águilas crían a sus hijos de manera que ellos puedan vivir sus vidas apartes.
La pequeña águila está con sus padres hasta que madura; el padre no está satisfecho hasta que su cría no ha madurado. La cola y la cabeza blanca son los distintivos, pero hasta que las águilas maduren serán marrones.
Así es el creyente maduro, puedes verlo y reconocerlo, mira diferente, conduce su vida diferente, es confiado y sabe adonde va. Su madurez no se determina por la edad; puede que tengas 50 años y no ser maduro. Dios es quien desarrolla la madurez en el creyente.
En la vida cristina necesitas tomar un lugar de liderazgo y luego preparar a otro para que un día ocupe tu lugar. Los creyentes debemos amarnos unos a otros hasta la exclusión del mundo. Por eso debes darle de comer a los bebés; si no lo haces tú ¿quién lo hará?

Cuando se avecina una tormenta y las crías son pequeñas, el padre se acerca al nido chico y lo toma con sus alas por ambos lados con la cabeza hacia adentro protegiéndolo; la hembra hace lo mismo del otro lado y sus cabezas están juntas sobre el nido. Sus alas cubren el nido hasta que pase la tormenta. Ellos se mojan y pasan frío, pero el nido no corre peligro.
Necesitas saber que hay alguien cerca de ti  a quien debes proteger. Si has recibido una comisión debes proveer, proteger y cuidar.

EL ÁGUILA EXCITA AL NIDO PEQUEÑO:
Hay dos momentos claves en la vida de un águila, e inevitablemente le van a ocurrir, si no muere antes. Uno de esos momentos es aprender a volar; el otro es el desplume.
En el libro de Deuteronomio leemos el cántico de Moisés antes de su muerte (Dt:32:9-13) Los hijos de Israel son llevados de la esclavitud a la libertad y el cántico de Moisés dice: “Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma los lleva sobre sus plumas, Jehová solo le guió, y con él no hubo dios extraño.” (Dt:32:11-12)
Así como el águila enseña a sus hijos a volar, así hace Dios con los suyos; es su manera de levantar líderes. Todo lo que Dios hace lo hace por medio de líderes. Cada persona tiene un círculo de influencias. La bondad de Dios se manifiesta al levantar líderes de los hombres para hacer que el mundo conozca el evangelio del Señor.

En el nido pequeño crecen los polluelos hasta cierta edad; ellos no saben volar. Algunos aprenden a volar temprano, como algunos creyentes que crecen rápidamente por la gracia del Señor. Pero hay otros creyentes que aun después de doce o trece años siguen siendo bebés y no quieren responsabilidades, no quieren madurar. Entonces Dios tiene que hacer un cambio porque es preciso que crezcan y maduren.
En la Biblia se lee que el águila excita el nido de las crías. Lo que hace es sacar las pieles que lo hacen suave y deja solo las espinas. Repentinamente el nido cambia. Ahora todo lo que se encuentre en el nido le causa daño al bebé.
Cuando Dios excite tu nido empezarás a sentirte molesto en él. ¿Por qué permite Dios esto? Porque no quiere que estés conforme con la vida en el nido.
El propósito del águila es volar, no sentarse todo el día en el nido. Dios no quiere que tú estés sentado toda la vida. Es tiempo de madurar y ser líder. Ya has pasado suficiente tiempo en el nido, es tiempo de tomar responsabilidades. Cuando Dios excita el nido alguien se enferma, o no hay dinero, o alguien muere, o pierdes tu trabajo, etc. Dios dice: “llegó el momento de confiar solo en mí” El propósito es que aprendas a volar.
El polluelo llora como si estuviera moribundo. Desde ahora, el tiempo que pase en el nido nunca será fácil ni agradable. Pero es necesario que así sea, algo va a ocurrir.
Si vas a servir a Dios, él va a excitar tu nido. Tienes una elección cuando Dios mueve tu nido: puedes mejorar, o enojarte. Confiar en Dios es mejor que cualquier cosa. Él puede enseñarte lo que es mejor para ti. Enojarte no va a ayudarte en nada. Cuando veas el poder de Dios en ti será cuando comience realmente la enseñanza, esto es: Confiar en Dios, seguir al Señor, poder guiar a otros.

APRENDIENDO A VOLAR:
La mayoría de las águilas no quieren salir del nido. ¿Por qué van a esforzarse si ahí tienen todo lo que necesitan? La hembra se acerca al nido y toma al polluelo, él la ha visto aterrizar muchas veces en el nido; pero ahora ella lo carga
Después que Dios ha excitado tu nido, te revela su poder. Cuando estás en lo más bajo de tu vida Dios te observa para ver si estás esperándolo o no. Cuando el rey Uzías murió, Isaías era un gran profeta. Pero se murió el rey al cual él quería y esto lo desanimó dejándolo en el momento más bajo de su vida. Pero fue en ese preciso instante cuando vio al Señor en toda su gloria.(Is:6:1-7) Miró hacia Dios y el Señor preguntó: ¿A quién enviaré y quien irá por nosotros? Y él respondió: “Heme aquí, envíame a mí”(Is:6:8)
Podemos ver en esa enseñanza que Dios excitó su nido (el rey había muerto) pero le dio a Isaías la oportunidad de servir de una manera como jamás lo había hecho antes..
Hay algo importante que ver aquí que sirve para nosotros ahora: El Señor Jesús en la pascua está muerto y en navidad es un bebé; así ve el mundo a nuestro Salvador. Se necesita que alguien muestre al Mesías resucitado. Dios espera que tú vayas y lo muestres al mundo.

El águila toma al polluelo y lo lleva sobre sí misma. Eso es algo nuevo para él. No se le pregunta si quiere pasear, solo se lo lleva. La madre pone al polluelo en la espalda y salta al vacío. El polluelo está temeroso y debe aferrarse a la madre o caerá. El águila comienza a volar; él nunca ha visto lo que ve ahora. Cuando lees la Biblia, cuando oras, cuando llevas a alguien al Señor (o tratas de hacerlo) puedes sentir que subes, subes y subes; ves el otro lado de la montaña así como el aguilucho arriba de su madre.
El águila llega tan alto que se puede sentir que el aire está frío y hay una hermosa vista desde ahí. Pero la lección que está por experimentar la cría no es para mostrar el paisaje, sino para enseñarle a volar.
Cuando Dios está dispuesto a que realices un ministerio (no a los hombres, sino a Dios) dice: “Quiero que tú te responsabilices por ellos; yo morí por ellos, tu responsabilidad es algo serio; si no aprendes a volar no podrás llevarla a cabo.”
De repente el águila deja al polluelo en el aire y éste siente que no tiene el sostén de su madre. (A veces Dios nos deja caer) El pequeño grita y comienza a caer en picada; puede ver que las piedras se van agrandando y se pregunta: “¿¿¿¿¡¡¡Por qué me hizo esto…!!!???” Puede darse cuenta que, o vuela, o se muere. Sin embargo el padre está ahí observando. Es preciso que sepas que tu Padre está ahí. Nunca duerme y siempre sabe cuánto falta para que caigas a tierra.
El águila está atenta y ve caer al polluelo que se muere de miedo. El padre lo toma en el aire, lo lleva hacia arriba y le hace lo mismo que antes le hizo la madre.
La cría comprende que tiene que aprender a volar o morirá. También tú tienes que aprender a volar o morirás espiritualmente; ya no puedes quedarte más en el nido. Nadie puede aprender a volar observando a otros y quedándose todo el tiempo en el nido. Cada uno tiene que aprender por propia experiencia.
Aprende a volar o morirás. Aprende a volar porque eso es lo que harás toda la eternidad: Volar hacia el Señor.
El polluelo vuela por sí mismo hacia el nido. Se ha abierto un mundo nuevo para él. Ahora es dueño del aire y puede enseñarle a otro dándole confianza.
El único propósito del padre es enseñarle a las águilas pequeñas a volar, a cuidarse por sí mismas y a vivir en el desierto.
El águila joven que no aprende a volar tiene que morir. El creyente joven que no aprende a volar perderá su servicio; no hay manera de forzar a alguien a amar a Dios.
Aprender a volar es aprender a confiar solo en Dios. Es el Señor quien te enseña a confiar únicamente en él. Tal vez aun no has aprendido a volar y quizás no desees aprender en este momento. Pero un día de estos, inevitablemente sucederá.

EL PELIGRO DE SER ATRAPADO POR EL ENEMIGO.
Las águilas enseñan a sus crías a sobrevivir, pues tienen muchos enemigos: osos, buitres, coyotes. Tres o cuatro cóndores no pueden con un águila. Puede volar hacia el sol sin que este le haga daño pues tiene una membrana sobre el ojo que lo protege. Nadie puede seguirlo. Nosotros podemos correr hacia el Hijo de Dios, ese es nuestro lugar seguro.
Está prohibido cazar águilas; pero hay quienes las cazarían a cambio de dinero; así también hay quienes cazarán al creyente si se descuida. El diablo trata de quitarle la salvación a todo creyente. Nunca podrá hacerlo porque la salvación viene de Dios. Cuando me encontré con el Señor, él no estaba perdido; yo estaba perdido y él me dio su salvación. Nadie puede quitármela porque la salvación es de Dios; pero sí puede quitarme el gozo, el testimonio, la vida…y también puede capturarme.
Un águila madura, puede volar sobre las tormentas a diez mil metros de altura, puede proveer y hacer planes para su familia y ser el monarca del cielo, pero también puede ser capturada

Para cazar un águila, el cazador deja unos cuantos pescados muertos junto al arroyo. En invierno el águila no puede comer su comida favorita (pescado) porque todo está congelado, por lo tanto come otra cosa. Pero lo que más le gusta comer es pescado; de manera que ahora mira durante horas los pescados muertos junto al arroyo congelado. Mira detenidamente y puede comprobar que no pasa nada. Tú también debes aprender a ver si hay trampas mortales por donde caminas. Si caes en una trampa es posible que pierdas tu testimonio. Debes saber que toda trampa mortal que el diablo dispone pretende satisfacer una necesidad básica. La casa, la comida, tu familia, todo esto necesita de tu cuidado; pero cualquiera de estas cosas te pueden hacer caer.
Así como el águila necesita el pescado tú necesitas el trabajo. El diablo ha derrotado más creyentes por el trabajo que por otra cosa. No te preocupes por el trabajo; vas a estar más tiempo muerto que vivo. El diablo hace que nuestro trabajo esté sobre nuestro servicio a Dios; pero la iglesia será lo más importante de tu vida en la eternidad.
Tienes que comprender que la trampa caerá solo una vez; pero una vez que caiga es posible que haya terminado con tu testimonio para siempre.
El águila ve el pescado y dice: “sacrificaré el nombre de mi Dios” Los pescados están fuera del agua; eso debería ser una advertencia; pero el águila dice: “no seré cazado fácilmente.” Así también tú dices: “Leo la Biblia, llevo gente al Señor, no seré atrapado fácilmente.”
Siempre habrá advertencias que debes tener en cuenta si no quieres ser atrapado. El creyente necesita discernimiento para no ser capturado. El discernimiento no se tiene en el momento de la salvación. Es necesario meditar día tras día sobre Proverbios, capítulos uno al nueve; (Pr:1-9) para obtener conocimiento, sabiduría, discernimiento, testimonio, servicio, todo en ese orden de modo de ganar almas sobre la base de esos principios.

El águila se lanza en picada, toma el pescado y vuela. Debes aprender que las cosas gratis siempre tienen un costo escondido. El diablo no te va a decir cuanto te costará el pecado; pero el precio del pecado es más pecado y luego la muerte. Tarde o temprano, tu pecado te alcanzará. (Nm:32:23)
Toda trampa en algún momento se acciona. Muchas veces solo tendrás una advertencia. El Espíritu Santo te dirá: “¡¡Aléjate de ahí!!” y tal vez tu digas: “Yo puedo, soy fuerte” Recuerda que el Espíritu Santo no te guiará en contra de la Biblia. Tus amigos cristianos también te advertirán; pero tu dices: “Le tomaré, le dominaré, le conquistaré”
Así también el águila dice: “la red no tiene nada de malo, no puede hacerme daño, yo la he dominado, he tomado el pescado y nada malo me ha sucedido.”
Pero el cazador está escondido, tiene todo el tiempo del mundo y mucho pescado. El águila ha perdido toda precaución. Nunca se pregunta de dónde viene el pescado; de manera que está dependiendo de algo que no puede explicar. Es necesario comprender que hay dos fuentes de donde provienen las cosas: o vienen de Dios, o las provee el diablo. Debemos discernir la diferencia o seremos capturados.
Los ojos han probado que no hay peligro; sin embargo el ave cae en la trampa. Le atan sus patas, no puede desplegar sus alas, es encapuchada y llevada a una jaula. Así pasa sus días en cautiverio. Tal vez pase muchos días ahí. Muchos creyentes, muchos más de los que crees, han sido atrapados por el diablo y pasan sus días en cautiverio, sin gozo y sin esperanza.

El águila pasa sus dias encerrado hasta que una noche de tormenta, sin luna y mucho viento, alguien comienza a cortar el alambre de la jaula, luego busca al águila, suelta sus manos y le dice: “¡¡Vuela!! Si no lo haces no tendrás otra oportunidad.” Ese es el momento de la predicación, el momento del avivamiento. El momento de cortar las cadenas de los cautivos para que puedan volar hacia Dios.
Algunos creyentes no ven la importancia de reunirse con otros hermanos; de leer la Biblia, de seguir las enseñanzas del Señor, etc. porque han sido capturados por el enemigo.
Cada uno de nosotros conoce gente que antes hacían estas cosas pero que ahora no las hacen porque no pueden. Tu trabajo es ir a buscar los creyentes enjaulados y llevarlos al Padre para que les de la oportunidad de volar y servir de nuevo. El diablo no los soltará fácilmente; pero tú busca a creyentes para que les sirvan al Señor y para que puedan enseñar a sus hijos a volar.

EL DESPLUME:
El desplume es otro de los momentos claves en la vida del águila. Se manifiesta con un debilitamiento y pérdida de plumas; su pico se calcifica y el desánimo le impide volar y flotar. Su pareja le pregunta: “¿qué te pasa?” Y el responde: “Nada” La pareja insiste: “¿Qué te ocurre?” Y él le dice: “Voy a estar bien, déjame en paz”
Bajo estas condiciones, el águila no va a su peña a recibir la fuerza y el calor del sol, sino que pasa todo el tiempo en su percha hasta que el debilitamiento es tan grande que ya no puede sostenerse y baja a un claro del bosque. Aterriza en el barro. Hay otras águilas (entre ellas tal vez esté también su pareja) que bajan con él. Todos están desanimados; y de unos diez que bajan al barro, seis morirán allí. No hay águila que quieran caer sola, siempre busca a otras para desanimarse mutuamente. Igual sucede con los creyentes.
No se sabe bien por qué ocurre el desplume, pero con él vienen el desánimo, la desesperación y la muerte. De igual manera ocurre con los creyentes a quienes les gana la depresión, la angustia y la desesperación, a veces terminan en la muerte.

Mientras las águilas siguen en el lodo debilitándose por la falta de alimentos; el calcio aumenta en sus ojos, en su pico y su nariz. Además de eso, no pueden levantar la cabeza ni escuchar bien. El 60% de las águilas adultas mueren en el barro cuando el desplume se apodera de ellas.
El lodo no es el lugar de las águilas; ellas no necesitan estar ahí. Están tan débiles que puedes tocarlas pues no presentan pelea y a menos que ocurra algo morirán.
Hay otras águilas en el cielo que no han bajado al barro, ellas no están desanimadas; así que van a cazar y traen carne y la dejan caer cerca de las que están en el barro para que estas tengan qué comer. Pero las desanimadas águilas no quieren comer y van muriendo, irremediablemente. Es triste ver morir a un águila en el barro; sin fuerza, sin dignidad, sin belleza… Más valioso es el creyente que mil águilas.
Cuando un creyente está espiritualmente débil cualquier cosa puede desanimarlo. Lo más sabio es volver a la roca (Jesucristo) pero la mayoría de las veces no vamos en busca de la roca de nuestra salvación.

De cada diez águilas que bajan al lodo seis mueren. Se rinden y mueren. Cualquiera puede hacer esto; es más fácil rendirse y dejarse morir. Estando en esa condición cualquier cosa podría matarlas.
Las águilas del aire siguen dejando caer trozos de carne ensangrentados mientras les gritan: “¡Coman!” “¡No mueran en el barro!” “¡No se dejen morir!”
Las águilas que sobrevuelan el claro del bosque alientan con sus gritos a las desanimadas águilas del barro pero nunca aterrizan en él. Tú puedes ayudar a los que están en el barro pero no te juntes con ellos en borracheras, ni trasnochadas, ni nada por el estilo. Puedes decirles: “Oraré por ti, pero no iré contigo.”

Las águilas del aire no cesan de tirar carne y alentarlas a comer; pero a pesar de todo ese esfuerzo muchas de las águilas del barro mueren de hambre a pesar de estar rodeadas de carne. Carne que hubiese salvado sus vidas. Tú puedes salvar a los que están en el barro porque los amas.
De pronto una de las águilas dice: “No moriré” y comienza a comer la carne; otra la imita y come también. Las águilas de arriba las animan:
El águila comienza a tener fuerza pero aun no puede salir del bosque, pero sigue comiendo hasta tener suficiente fuerza. Luego empieza a ejercitar sus alas y a desprenderse del barro que se le ha pegado. Ahora solo tiene que volar sin tocar los árboles y volver a su roca. Si no sale pronto los coyotes la comerán.
Cuando un creyente está anímicamente decaído cualquier cosa puede quitarle la fuerza espiritual y destruir su testimonio. Tenemos una Roca adonde podemos volver; eso es más sabio que dejarse caer. Esto es lo que separa a la inmadurez de una vida de victoria. Esta experiencia es necesaria en cada creyente que va a llegar a la madurez.

El águila desde la peña mira hacia el sol. Desde la Roca nosotros miramos al Hijo de Dios. Eso es lo que hacemos cuando leemos la Palabra de Dios.
El sol comienza a dilatar el calcio de los ojos del águila; su membrana comienza a funcionar normalmente y ahora ve toda la tierra de un modo diferente.
Luego emprende un vuelo de victoria. Grita: “¡Gracias al Señor no morí en el barro!” Hubiese sido fácil rendirse y morir, pero no fue así.
Es más fácil ahora adorar a Dios. Él puede hacerte pasar cualquier cosa. Todos los desanimados que se quejan no pueden hacerte cambiar. Ahora solo confías en Dios. Solo sirves a Dios. Solo sigues a Dios. Lo que antes era un problema, ahora ni lo piensas.
Después que el águila se ha recuperado, va en busca de un lugar de desplume donde otras águilas están en el barro. Caza y lleva trozos de carne aun con sangre y los deja caer al lado de esas águilas. Va a todos los lugares en donde pueda ayudar. Las únicas águilas que ayudan son aquellas que han estado en el barro. (Consolamos a otros porque antes fuimos consolados) (2Co:1:5-6)
Si no ayudamos a otros es porque olvidamos que alguna vez alguien nos ayudó. No les debo nada a esas águilas, pero por gratitud a Dios voy a ayudar a todas las que pueda; les llevaré la Palabra que las anime y podré ponerme delante de mi Dios un día y decirle: “Corté un pedazo de carne ensangrentada y lo dejé caer al lado de las águilas del barro."

El águila más fuerte no es la más joven ni la que más se ejercita; sino aquella que ha pasado por el desplume y está agradecida. Dios usa a personas que ha sacado del barro.
El trabajo más importante del águila no es encontrar una piedra; ni tener la mejor área, ni hacer un nido; sino criar un polluelo que pueda crecer, pasar el desplume y vivir.
Lo más importante que haces es criar hijos creyentes, no importa lo que ganes si tus hijos se van al infierno. Fortalécelos para que puedan soportar el día malo y estando firmes el desánimo no los gane. (Ef:6:13)

LA HORA DE LA MUERTE.
Si pasan el primer desplume las águilas viven entre cincuenta a setenta años; criando hijos cada cuatro años
En base a lo que hemos podido ver de la vida de estas aves, podemos decir que las águilas eligen como morir: pueden morir victoriosas o derrotadas. También tú decides como te mirará la gente al morir.
El águila puede morir en el barro, o con dignidad, con un testimonio constante, un caminar verdadero; todo el tiempo correcto hasta el final. A estas personas amas y te gusta escuchar sus historias de cómo le sirvieron y le sirven al Señor. Si no aprendes de los ancianos vas a tener que aprender por experiencia propia todo lo duro que ellos aprendieron.
En nuestra vida podemos servirle a Dios, o estar derrotados. A veces dejamos el servicio porque alguien nos ofende; ¿Alguien te hirió? ¿Qué importa? No sirves a nadie, solo a Dios. Él no te ha ofendido él es tu fuerza, tu guía, tu provisión.
El águila muere en la piedra; el creyente también. En algún lugar vas a morir, puedes elegir morir en el barro, o en Jesús, callado, con dignidad. Mirando al cielo Alabando a Dios. Sobre la Roca, con los ojos puestos en Dios.
El águila va a su piedra, se acuesta sobre su espalda y dobla sus alas sobre el pecho. Sin resistencia. Es tiempo de morir. Se queda mirando al sol. Cuando nosotros vamos a la Roca estamos preparados para morir, mirando al cielo. Mantén tus ojos fijos en Dios y estarás listo para morir, en cualquier tiempo, en cualquier lugar.